lunes, 26 de agosto de 2013

Viaje al fin del mundo (Newfoundland o Terranova)

Aquí estamos de nuevo. Ya parecía que habíamos abandonado, pero es que hemos estado un poco ocupados tramitando alquileres aquí, allí y casi en el  más allá. Por fin pudimos irnos una semana de vacaciones... el Ministerio de Educación no me permite más, a pesar de que los políticos no vuelven hasta Setiembre, aunque ese es otro  tema desagradable del que no queremos hablar aquí.
Decidimos hacer kilómetros como locos, 3000 en total, para poder ver la zona norte. Nos pareció que sería los más extremo a lo que podríamos acceder, y ya os digo que no nos decepcionó. Gracias al overbooking en Hertz conseguimos un coche bastante chulo, así que el viaje se hizo cómodo.
Cada día nos íbamos acercando al norte poco a poco e íbamos parando en moteles de carretera, que si bien son caros, estaban realmente bien. Para pasar de Nueva escocia a Terranova tuvimos que coger un ferry, justo después de que la señora majísisima del super nos explicase que el día anterior uno de los ferries de la compañía se había quedado sin energía a medio camino (es decir, a 3 horas de la costa). Finalmente todo fue bien y desembarcamos en la isla sin ningún incidente. Otra cosa fue la vuelta. Eso ya os lo explicará Omar, que tiene documentos que lo muestran claramente.

Cuando llegamos, se habían confundido con la reserva de nuestro B&B, así que estábamos tirados a las 11 de la noche en un pueblecito de 2000 habitantes (Port aux basques), donde acababan de desembarcar alrededor de 500 personas en una situación similar! Por suerte el dueño del B&B se apiadó de nosotros y nos ofreció una habitación en su casa por un módico precio. Buena gente los newfoundlandenses.
El primer día de carretera en la isla íbamos sobre aviso, parece ser que los atropellos de alces causan estragos. Para los que no lo hayáis visto en directo, un alce puede tener el tamaño casi de un camello, así que chocarse con el a 100 km/h no es nada gracioso. La carretera (autopista) está llena de letreros de precaución. A menos de dos horas del ferry vimos el primer accidente. Coche en bajada y curva que había embestido a no uno, sino dos renos jóvenes. Coche destrozado y los pobres bichos muertos. Os cuento esto, porque desde ese momento seguimos conduciendo con los ojos tan abiertos que al final del día los teníamos inyectados, como en los dibujos.
Quizás gracias a eso no tuvimos ningún percance y además vimos un montón de animales preciosos, la mayoría desde el coche.
Por ejemplo, este perro-gato negro, estaba a pie de la carretera haciendo parar a los coches, incluidos nosotros. Omar me dijo: pero no ves que es un perrillo! Sin embargo le hice para para verlo de cerca. El bicho cruzo la carretera en dirección a nuestro coche y yo como una loca buscado la cámara, abrí la puerta dispuesta a salir para la foto de rigor. Pero al mirar hacia fuera se me heló la sangre. El bichito, que era en realidad un zorro de Newfoundland, estaba a un metro del coche mirándome fijamente. Las fotos están hechas sin zoom. Un poco borrosas, porque no me atrevia a cerrar un ojo para enfocar. parecía que iba a tirarse encima mio. Luego, con la calma deducí, que como zorro que era, este bichete se había acostumbrado a que le echasen comida desde los coches. Así que seguro que no quería comerme, solo mendigaba. Creo que ha sido la mejor experiencia que he tenido con un animal salvaje en años. Tendríais que haber visto su mirada.










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